Polos opuestos, almas gemelas.

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martes, 11 de diciembre de 2012

Capítulo 7: Había encontrado a ese alguien.

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Capítulo 7: Había encontrado a ese alguien.

(Narra Liam)

¿Conoces ese sentimiento? Cuando sólo estas esperando... esperando a llegar a tu casa y encerrarte en tu cuarto y quedarte dormido y dejar salir todo lo que contuviste a lo largo del día, ¿el sentimiendo de desesperación? Nada esta mal, pero nada esta bien tampoco, y estás cansado, cansado de todo, cansado de nada, y sólo quieres que alguien este ahí diciéndote que esta bien, pero nunca nadie va a estar ahí, y sabes que tienes que ser fuerte porque nadie te va a curar. Pero estas cansado de esperar, cansado de tener que curarte a ti mismo y a los demás, cansado de ser fuerte, y por primera vez sólo quieres que sea fácil, que sea simple, ser ayudado, ser salvado, sabes que no lo serás, pero sigues ahí, teniendo fe y deseando y sigues siendo fuerte y luchando con lágrimas en tus ojos.

Pero yo ya estaba cansado de ser fuerte, cansado de curarme a mi mismo, necesitaba a alguien que me salve, alguien que me ayude... Yo aún seguía buscando a ese alguien, no sabía cuando iba a llegar. Ese alguien que me ayudara a gritar y a contar todo lo que llevaba guardado dentro desde hacía un par de años, ese alguien que me entendiera...

-Liam, hay una chica abajo esperándote -sonrió mi madre- Yo voy a salir a comprar.
-¿Solo una chica? -dije sorprendido mientras me levantaba de la cama y me acercaba a mi madre- esta bien.
-No tardaré mucho, ¿si? -sonrió mi madre antes de salir de casa- Adiós, preciosa -se despidió de Sally.
-Hola, Sally -sonreí.
-Hola, Liam -sonrió- ¡Al fin encuentro tu casa! -rió ella. Le deje paso para que entrara.
-¿No viene Danielle? -pregunté sorprendido.
-No, me dijo que va a llegar un poco más tarde. Y me dio tu dirección, pero me costó un poco encontrar tu casa -comenzamos a reír.
-¿Quieres tomar algo? -pregunté.
-Un vaso de agua, por favor -dijo mientras entrábamos en la cocina- Oye, Liam... Yo quería hablar contigo...
-¿Qué pasa? -pregunté nervioso.

Ella me hizo una señal con la mano para que esperara mientras bebía del vaso de agua que le di. Miles de cosas me pasaron por la cabeza. Cosas malas. ¿Sabría ella todo lo que me ocurría? Pues... ella había vivido lo mismo que yo, y se podría haber dado cuenta. La miraba fijamente como soltaba el vaso en el fregadero. Ella se giró y se apoyó en la encimera. Levantó su cabeza y me miró fijamente.

-Tienes problemas con los compañeros de la clase, ¿cierto? -preguntó seria.
-No.
-Liam, no te conozco mucho. Pero yo he vivido por eso, y sé perfectamente cuando una persona también lo sufre. ¿Crees que yo no ponía la excusa de que me he caído por las escaleras?
-¿Cómo lo sabes? -dije mirando al suelo.
-Danielle me lo dijo. ¿Por qué nunca se lo has dicho a ella?
-Sally, por favor...
-¡No, Liam! Habla conmigo, confía en mi, suelta todo lo que lleves dentro, te entiendo perfectamente, yo tampoco contaba nada. Tardé cinco años en contárselo a mis padres, no hagas lo mismo que yo, Liam.
-¡Sí! Me pegan, me apagan los cigarrillos en el brazo, me encierran en los baños, me amarran en la moto y me arrastran por la carretera dejándome moratones y heridas por todas partes, me amenazan, no quieren que apruebe... ¡me quieren hacer la vida imposible, Sally! -dije rápido mientras observaba como a Sally se le humedecían los ojos.

Un desagradable nudo se me formó en la garganta impidiéndome seguir hablando... Agaché mi cabeza. Las lágrimas comenzaron a nublar mis pupilas y pocos segundos después bajaban rápido por mis mejillas una tras otra. Sally se acercó rápido hacia mi y estuvo un par de minutos abrazándome, mientras yo lloraba. El sonido de un móvil nos imterrumpió. Era mi móvil, me habían mandado un mensaje y era de Danielle, nos comentaba que no iba a poder venir pues le habían llamado en la escuela de baile. Solté el móvil de nuevo y miré a Sally que me observaba con los ojos rojos. Sonreí y la abracé. Estaba seguro que era ella ese alguien que estaba buscando.

-¿Te sabes lo del examen de mañana? -preguntó ella sacándome de mis pensamientos.
-Sí, ¿y tú?
-No mucho, pero no importa. Tengo que llevarte a un sitio.

(Narra Harry)

Zayn miró su reloj para mirar la hora. 17:38. Levantó su cabeza y volvió a mirarme. Ninguno de los dos sabíamos donde se podía encontrar Jane. ¿En su casa? ¿En casa de alguna amiga? ¿En la calle? Me despedí de Zayn y me monté en el coche. Cerré la puerta y lo puse en marcha. Me dirigía a casa de Jane, tan solo esperaba que estuviera allí, si no hablaría con ella al día siguiente en clase. Cuando llegue a su casa, aparqué el coche y me bajé. Cerré el coche y me dirigí a la puerta de entrada. Llamé. A los pocos segundos escuché a alguien bajar rápido por las escaleras, la puerta se abrió rápido y apareció la morena que me miró sorprendida.

-¡Harry! Hace mucho que no venías a mi casa -dijo ella mordiéndose el labio- Vamos, pasa. Estoy sola -dijo mientras me metía en su casa.
-Jane yo...
-Cállate, Styles -dijo ella agarrándome de la camiseta para comenzar a besarme. Ella sabía perfectamente que amaba que me llamaran Styles y más si venía de una chica.
-Jane, escúchame.

Ella volvió a besarme bajando despacio hasta mi cuello. Era mi debilidad, iba a llegar el momento en el que no podía controlarme, en el que iba a ser mía de nuevo. La cogí de la cintura pegándola a mi, haciendo que nuestros cuerpo chocaran que no hubiera distancia que nos separaba. Tenía mis ojos abiertos, era incapaz de cerrarlos al besarla. Cuanto deseaba hacer aquello con Sally. ¡Sally! Con mis brazos aparté despacio a Jane. Ella me miró sorprendida. Me pasé mi mano por mi boca y la miré fijamente.

-No Jane.
-¿Qué pasa, Harry? -dijo ella acercándose de nuevo.
-¡No Jane! -repetí.
-¿Qué te ocurre, eh? ¿Para que has venido entonces?
-Deja en paz a Sally, búscate a otro, olvídate de mi.

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