Polos opuestos, almas gemelas.

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martes, 8 de enero de 2013

Capítulo 17: Chico de las zanahorias.

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Capítulo 17: Chico de las zanahorias.

(Narra Sally)

Apenas dormí durante la noche. A lo mejor dormía media hora, y me despertada sobresaltada. La televisión estuvo toda la noche encendida, y con algo me distraía pero con la hora que era no echaban nada interesante en la televisión. Eran las 09:59 cuando mi madre se despertó. Me miró extrañada y le sonreí dándole los buenos días. Me fijé que ni me quité el vestido que llevé a la fiesta. Me tapé con una manta y seguí viendo la televisión. Cuando mi madre entró en la cocina subí corriendo a mi habitación para darme una ducha y vestirme. Harry vendría a recogerme a las 12:00 para ir a aquella sorpresa. Estaba muy intrigada por saber donde me quería llevar.

A los veinte minutos aproximadamente salí del baño envuelta en una toalla celeste y otra blanca en mi cabeza. Entré en el vestidor y estuve un par de minutos pensando que podría ponerme. Miré el tiempo de Londres por la ventana y estaba nublado aunque no tenía pinta de que comenzara a llover. Me puse unos vaqueros cortos que llegaban un poco más abajo del ombligo, obviamente, debajo me puse unas medias térmicas negras. Me puse una camiseta de tirantes y entré a la habitación de mi hermano para coger una de sus sudaderas. Aún estaba durmiendo, así que en silencio entré y abrí su gran armario, busqué entre todas sus gorras hasta encontrar la que más me gustaba. Era simple, pero siempre me gustó, ponía Atlanta en rojo escrito en el centro. Salí de su habitación y volví a entrar a la mía. Me puse la sudadera y me miré en el gran espejo que había en mi vestidor. Me acerqué al mueble de los zapatos y saqué mis vans rojas. Me las puse y volví a mirarme al espejo. Cuando vi que ya estaba más o menos lista salí del vestidor y entré de nuevo al baño para peinarme. Me cogí una coleta alta y me dejé caer un par de mechones por ambos lados de mi cara. No me maquillé, pues prefería ir natural. Miré la hora: 11:21. Cogí una mochila pequeña y guardé dinero, auriculares, el espejo y un pequeño peine que siempre llevaba encima. El móvil me lo guardé en el bolsillo de la sudadera y las gafas me las coloqué en el pelo. Bajé a la cocina y mientras mi madre terminaba de limpiar el salón me tomaba un vaso de leche fría. Me despedí de mi madre con un beso en la mejilla y salí de mi casa. Me coloqué bien las gafas y cuando cerré la pequeña puerta del jardín me senté en el bordillo. Saqué el móvil del bolsillo y estuve con él hasta que vi una sombra acercarse a mi. Se puso de cuclillas detrás mi y me tapó los ojos. Se acercó a mi oído y me susurró:

-Adivina quien soy.

(Narra Harry)

Me levanté más temprano de lo normal, y sin despertador, algo que jamás hice. Mi hermana seguía durmiendo, y como siempre en el sofá, sin hacer mucho ruido entré en la cocina y me preparé un café con una tostada. Me lo desayuné tranquilamente, pues tenía tiempo de sobra, pero quería que llegaran ya las doce. Así que en cuanto terminé de desayunar subí a mi habitación para comenzar a vestirme. Me puse una camiseta azul marino que tenía un gran '18' dibujado, unos vaqueros oscuros y mis deportivas blancas. Abrí uno de los cajones del armario, saqué un gorro de lana azul y me lo puse. Guardé el móvil y dinero en los bolsillos del pantalón y salí de casa dirigiéndome a la tienda más cercana a la casa de Sally.

El móvil me comenzó a sonar, seguí andando por la tienda, aunque despistado ya que estaba intentando coger el móvil a tiempo. Pero fue imposible, llegué tarde y la persona que me llamaba ya me había colgado. Volví a guardar mi móvil en el bolsillo cuando choqué con alguien. Miré al frente y me encontré a un chico moreno de ojos azules recogiendo muchas zanahorias que se le habían caído al suelo. Me agaché para ayudarle.

-Oops -dije cogiendo las zanahorias.
-¡Hola! -sonrió él.
-Siento haber tirado las zanahorias.
-No importa. Soy Louis -dijo apretando mi mano. Lo miré un poco extrañado.
-Harry -sonreí apretando también su mano.
-Yo a ti te conozco -dijo mirándome fijamente.
-Yo a ti no.
-¡Eres el chico que estuvo en la habitación de Sally el otro día!
-¿Cómo lo sabes?
-Os vi. Además, Sally es mi vecina y amiga mia -sonreí a lo bajo- Cuídala muy bien -dijo señalándome con su dedo índice.
-Lo haré.
-Más te vale. ¡Espero verte pronto! -dijo él antes de marcharse.

Reí ante la actitud de aquel chico, aunque parecía buen chico, y seguí caminando hasta la zona de gominolas, esperaba que a Sally le gustasen, pues a mi me apetecieron. Salí de la tienda y me dirigí a casa de Sally, que estaba cerca de aquella zona. Cuando llegué a su casa había una chica sentada justo en su puerta. Me fui acercando hasta que vi que era ella. Sonreí, me coloqué detrás de ella de cuclillas y me acerqué a su oído.

-Adivina quien soy -susurré.
-Harry -sonrió ella girando la cabeza.
-El mismo -dije ayudándola a levantarse- He traído gominolas, ¿quieres?
-No me apetecen ahora -sonrió.
-Pues entonces vámonos.

Ella me sonrió y juntos caminamos hasta el parque de atracciones. Ella iba en silencio, observando cada zona por donde paseábamos. Yo intentaba no mirarla mucho, pero era imposible no observarla al caminar, ese movimiento de caderas al andar me estaba volviendo más loco de lo que ya estaba. Ella aún no sabía adonde íbamos, era sorpresa. Sólo esperaba que le gustara, pero algo me dijo que sí cuando al ver el parque de atracciones se lanzó a mis brazos.

(Narra Niall)

Llegué a casa de Ana aproximadamente sobre las seis de la tarde. Iba con mi guitarra y una película de miedo en mi mochila. Llamé al timbre y ella sonriente me abrió. Me acerqué a ella y le saludé con un beso en cada mejilla. Me dejó entrar y solté la guitarra en un lado del salón. Saqué la película de miedo y le di a elegir entre verla o la guitarra. Ella me señaló sonriente la película. Me explicó como ponerla en el DVD y ella, mientras fue a preparar unas palomitas. Cuando llegó ella dejó las palomitas en la mesa, cogió un par de mantas y apagó las luces. Se sentó a mi lado y cogió el bol de palomitas. La película comenzó y ella se acercó a mi en cuanto pasaron los primeros veinte minutos. Terminó la película y no me enteré de nada, pues estuve más pendiente de Ana y sus abrazos que de la película. El haber estado abrazo a ella fue, por ahora, lo mejor del día.

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